" Platero es pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera, que se diría todo de algodón, que no lleva huesos. Sólo los espejos de azabache de sus ojos son duros cual dos escarabajos de cristal negro.
Lo dejo suelto y se va al prado, y acaricia tibiamente con su hocico, rozándolas apenas, las florecillas rosas, celestes y gualdas... Lo llamo dulcemente: “¿Platero?”, y viene a mí con un trotecillo alegre que parece que se ríe, en no sé qué cascabeleo ideal...
Come cuanto le doy. Le gustan las naranjas mandarinas, las uvas moscateles, todas de ámbar; los higos morados, con su cristalina gotita de miel...
Es tierno y mimoso igual que un niño, que una niña...; pero fuerte y seco por dentro, como de piedra... Cuando paseo sobre él, los domingos, por las últimas callejas del pueblo, los hombres del campo, vestidos de limpio y despaciosos, se quedan mirándolo:
- Tien’ asero...
Tiene acero. Acero y plata de luna, al mismo tiempo. "
Como en cursos anteriores también este año nuestro alumnado decora las páginas del blog ORELLANALEE con estos preciosos marcapáginas que invitan a la lectura y que en este caso han sido elaborados por el grupo de 3º- A, bajo la supervisión de Matilde Granado, su profesora de Educación Plástica y Visual.
Permanecieron expuestas en la Biblioteca del Francisco de Orellana y ahora se asoman a la ventana de nuestro blog CUÉNTAME UN CUENTO para disfrute de toda la comunidad educativa y sus seguidores, que son muchos.
Con ellas señalarán las páginas donde aparcan por un instante su placer por la lectura.
El reconocido dibujante de cómics Art Spiegelman narra en esta obra la historia real de su padre Vladek Spiegelmann, judío polaco superviviente del Holocausto y la compleja relación personal existente entre ambos. El viejo le cuenta al hijo, con un marcado acento del Este europeo, su testimonio vital y las secuelas físicas y psíquicas que lo que vivió le han dejado. Art traza un minucioso perfil psicológico del padre, a la vez que siempre se hallan presentes los recuerdos de su madre y su hermano mayor muerto en el conflicto.
En Maus las caras de los personajes son representadas como ratones (judíos), gatos (alemanes), cerdos (polacos), animales antropomórficos cargados de simbolismo (quizá nos recuerde a Rebelión en la Granja de G. Orwell) y que ayudan a la narración, como lo hace también el trazo expresionista en blanco y negro del autor.
“ Muchos aseguran que las representaciones indirectas han sido la única manera de mostrar el holocausto: Noche y niebla de Resnais (1955), Shoah de Lanzmann (1985), La lista de Schindler de Spielberg (1993) […] Spiegelmann podría haber optado por contar su historia con personas, pero desde el principio comprendió que ése habría sido el camino equivocado” (Santiago García).
El cómic se convirtió en todo un fenómeno mediático y se hizo merecedor del prestigioso premio Pulitzer en 1992, siendo incluso objeto de una exposición en el MOMA de Nueva York. Su autor trabaja actualmente como editor adjunto en la reconocida New Yorker.
"La verdad es que Maus es un libro que uno no puede dejar, ni siquiera para dormir. Cuando dos de los ratones hablan de amor, te conmueven; cuando sufren, lloras. Poco a poco, a través de este relato compuesto de sufrimiento, humor y los desafíos cotidianos de la vida, uno queda atrapado por el lenguaje de una antigua familia del este de Europa, y es arrastrado por su ritmo suave e hipnotizador. Y cuando uno acaba Maus, se siente triste. “Umberto Eco
Estos son algunos fragmentos de las valoraciones que alumnos de 1º de Bachillerato han realizado sobre el comic Maus .
Yo, sinceramente soy otro distinto después de haber leído este libro. Yo era muy consciente de bastantes detalles del holocausto pero solamente sabía de ellos por fotos o vídeos. Meterse en la piel de este hombre, Vladek, y ver desde dentro las verdaderas salvajadas que se cometían dentro de esos infiernos llamados campos de concentración me ha hecho reflexionar profundamente.
Cuando me lo acabé de leer y vi en la contraportada el dibujo de los ratones judíos puestos en filas, todos mirándome con ojos vacíos y casi sin vida, fue cuando me di cuenta de lo que acababa de leer y cuando me llegó al corazón de verdad.
Cada capítulo del libro plantea el mismo tipo de esquema, comienza hablando el autor con su padre y este le relata sus vivencias, que luego el autor plasma en el libro; los capítulos acaban volviendo a la primera situación de diálogo entre ellos.
En un principio no me atraía la idea de leer un cómic, pero en el fondo sentía curiosidad. Quizás era por la idea que tenía de los cómics típicos de superhéroes de Marvel, pero el tema que trataba y lo que me habían hablado de él hacía que sintiera intriga por ver qué había en su interior. (…) Tras haberlo leído puedo decir que ha sido uno de los libros que más me ha enganchado. (…) No entendía cómo había podido ganar un premio Pulitzer hasta que empecé a leerlo, ahora sé que hay más cómics a parte de los de superhéroes o manga.
La biblioteca del IES Francisco de Orellana quiere homenajear a toda su comunidad educativa y agradecer su colaboración e implicación en esta tarea nuestra de fomentar la lectura y escritura.
No sabéis hasta qué punto vuestra generosidad se verá recompensada.
Ya que Papá Noel tiene este año 2012 problemas de sobrecarga en su trineo y que Los Reyes Magos, que ya no son de Oriente, deben desplazarse más de la cuenta- en 2013 se dirigen al portal saliendo desde Tartessos- vamos a pedir un poquito menos estas Navidades : que se os cumpla al menos un deseo de los muchos que tenéis.
Nos ha gustado tanto este microrrelato que hemos querido compartirlo con vosotros. Por cierto, ya podéis ir convocando a las Musas para nuestro próximo concurso de microrrelatos. Considerad este humilde homenaje como nuestro regalito de Navidad.
Se titula....
DESINTOXICACIÓN
El médico me prohibió leer. Cogió un bolígrafo y anotó algo sobre el cuaderno. Le hubiese quitado el boli allí mismo. Apreté los puños por debajo de la mesa y mentí: quiero dejarlo. De momento, no iban a internarme, pero debía olvidarme de los libros. Si no lograba vencer la enfermedad tendrían que meterme en esa clínica tan prestigiosa para escritores. Me hicieron pasar a una sala mientras el médico hablaba con mis padres. Al llegar a casa, tiraron los libros que tenía escondidos debajo de la cama y dieron mi nombre en las pocas librerías y bibliotecas que quedaban abiertas para que me prohibiesen la entrada. Nunca me dejaban solo. Les engañaba. Me encerraba en el baño y leía la composición de los champús o les acompañaba al supermercado y me paraba en la sección de congelados a repasar los ingredientes. Pero me sabía a poco.
Empecé a robar. En el metro miraba de reojo al viajero de al lado y me hacía con nombres y adjetivos del periódico que estaba leyendo. Pillé un verbo transitivo de una carta del banco que sustraje del buzón del vecino. Conseguí dos preposiciones en un carné de identidad y algunos adverbios, aunque terminados en mente, en un folleto que me dieron en la calle. Cuando asalté una biblioteca, me internaron. El día que entré en la clínica, vi salir a Juan Manuel de Prada. Había adelgazado y no llevaba esas gafas de pasta que le caracterizan. Tenía mejor aspecto. En mi grupo de terapia, reconocí a Lorenzo Silva, aunque la mayoría éramos gente anónima. Pronto descubrí el mercado negro. Al apagar las luces de las habitaciones, nos reuníamos en los baños y traficábamos con palabras. Cambiábamos adverbios por preposiciones y dábamos nuestra alma por encontrar a quien tuviese el adjetivo perfecto. Por la noche componíamos historias, las memorizábamos y al día siguiente, a la hora del paseo, lejos de los ojos de los enfermeros que se distraían con la televisión, nos las contábamos. Cuando salí de la clínica todos pensaban que me había curado.
Poeta, novelista, memorialista, ensayista e historiador (del flamenco), José Manuel Caballero Bonald es uno de esos escasísimos autores con asiento propio (y de primera fila) en varios géneros de la historia de la literatura española. En un país como España, que rara vez da para dos ideas distintas sobre la misma persona, la obra del recentísimo Cervantes ha sido reconocida con el premio de la Crítica en tres ocasiones y en dos disciplinas distintas: la poesía —Las horas muertas (1959); Descrédito del héroe (1977)— y la novela —Ágata ojo de gato (1974)—. Lo que sigue es una breve guía de lectura para acercarse a un escritor total, que, además, en enero próximo publicará Oficio de lector (Seix Barral), una recopilación de ensayos, reseñas, prólogos y conferencias inéditas sobre autores como Góngora, Mallarmé, Juan Ramón Jiménez, Juan Carlos Onetti o José Ángel Valente. Y, por supuesto, Cervantes.
La poesía
Las adivinaciones (1952). Ganador de un accésit del mítico Premio Adonais (agente consagrador de la generación del 50), fue el libro con el que se estrenó alguien que ha sido narrador de forma intermitente pero poeta toda su vida. Aparentemente realista, la de sus versos es una realidad inventada y transfigurada por un lenguaje preciosista. Además, contiene el poema con el que todavía hoy su autor abre muchas de sus lecturas públicas, “Versículos del Génesis”, un arrebatado canto a la nocturnidad. La noche es, junto al mar, uno los grandes temas de su obra poética.
Descrédito del héroe (1977). El gran libro de madurez. Después de pagar peaje al compromiso social antifranquista con Pliegos de cordel (1963), cuajó una voz que el propio poeta ha definido como hecha de “predilectas dicciones latinas” y “atemperadas resonancias barrocas”. Su escritura coincidió con la de la novela Ágata ojo de gata y Caballero Bonald siempre ha subrayado el parentesco entre ambas en una búsqueda de “zonas prohibidas de la experiencia”. Entre la ensoñación, la realidad y el mito.
Entreguerras (2012). Se publicó en enero de este mismo año. Un solo poema de casi 3.000 versos que mezcla irracionalismo y autobiografía para, en una ebriedad desatada, crear un particular reflexión sobre la naturaleza de las cosas. No en vano, el De Rerum Natura de Lucrecio es el demonio tutelar de un libro torrencial que siguió al indignado Manual de infractores y al elegíaco La noche no tiene paredes y que el propio Caballero Bonald anunció como su último libro de poemas. Nunca se sabe.
Las novelas
Dos días de septiembre (1962). Caballero Bonald debutó como novelista ganando el Premio Biblioteca Breve con una historia que transcurre durante la vendimia de 1960. Una ácida critica a una sociedad latifundista, anquilosada y atravesada por las diferencias entre ricos y pobres. No tardó en verse como un trasunto del Jerez natal del escritor.
Ágata ojo de gato (1974). La cumbre narrativa del escritor andaluz fue una refundación mítica del Coto de Doñana, Argónida en su léxico particular. Novela que responde a una formulación poética sin caer en ese engendro de la prosa poética, el libro repasa la vida de varias generaciones de un mismo linaje. Con todo, su personaje principal es el paisaje. Y el lenguaje.
Las memorias
La novela de la memoria (2010). Un año después de publicar su poesía completa bajo el título de Somos el tiempo que nos queda, el nuevo premio Cervantes reunió en un volumen de casi 1.000 páginas los dos tomos de sus memorias: Tiempo de guerras perdidas (1995) y La costumbre de vivir (2001). De la infancia andaluza a la formación literaria en Madrid pasando por sus años como profesor en Colombia o como secretario de Papeles de Son Armadans –la revista fundada por Camilo José Cela-, estas memorias son un retrato sin concesiones de la España de la segunda mitad del siglo XX y una radiografía sin maquillar de su mundillo literario. Los recuerdos se detienen en la Transición. Caballero Bonald no ha querido seguir haciendo memoria. Ni sangre. http://cultura.elpais.com/cultura/2012/11/29/
El día 30 de noviembre es nuestro día, el día de las librerías.
Llévame a la librería
para ver el mundo.
También es el día de todos los lectores, de los que nos visitan asiduamente y de aquellos que lo hacen de forma esporádica. Ese día las puertas de las librerías españolas estarán más abiertas que nunca para todos, no cerraremos hasta las diez de la noche. Las librerías trabajamos para difundir el libro y fomentar la lectura y para conseguirlo ofrecemos un marco ideal, el marco cultural que necesita el libro.