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30 nov. 2012

Premio Cervantes 2012

JOSÉ MANUEL CABALLERO BONALD


Breve guía del escritor total.


Poeta, novelista, memorialista, ensayista e historiador (del flamenco), José Manuel Caballero Bonald es uno de esos escasísimos autores con asiento propio (y de primera fila) en varios géneros de la historia de la literatura española. En un país como España, que rara vez da para dos ideas distintas sobre la misma persona, la obra del recentísimo Cervantes ha sido reconocida con el premio de la Crítica en tres ocasiones y en dos disciplinas distintas: la poesía —Las horas muertas (1959); Descrédito del héroe (1977)— y la novela —Ágata ojo de gato (1974)—. Lo que sigue es una breve guía de lectura para acercarse a un escritor total, que, además, en enero próximo publicará Oficio de lector (Seix Barral), una recopilación de ensayos, reseñas, prólogos y conferencias inéditas sobre autores como Góngora, Mallarmé, Juan Ramón Jiménez, Juan Carlos Onetti o José Ángel Valente. Y, por supuesto, Cervantes.

La poesía

Las adivinaciones (1952). Ganador de un accésit del mítico Premio Adonais (agente consagrador de la generación del 50), fue el libro con el que se estrenó alguien que ha sido narrador de forma intermitente pero poeta toda su vida. Aparentemente realista, la de sus versos es una realidad inventada y transfigurada por un lenguaje preciosista. Además, contiene el poema con el que todavía hoy su autor abre muchas de sus lecturas públicas, “Versículos del Génesis”, un arrebatado canto a la nocturnidad. La noche es, junto al mar, uno los grandes temas de su obra poética.





Descrédito del héroe (1977). El gran libro de madurez. Después de pagar peaje al compromiso social antifranquista con Pliegos de cordel (1963), cuajó una voz que el propio poeta ha definido como hecha de “predilectas dicciones latinas” y “atemperadas resonancias barrocas”. Su escritura coincidió con la de la novela Ágata ojo de gata y Caballero Bonald siempre ha subrayado el parentesco entre ambas en una búsqueda de “zonas prohibidas de la experiencia”. Entre la ensoñación, la realidad y el mito.

Entreguerras (2012). Se publicó en enero de este mismo año. Un solo poema de casi 3.000 versos que mezcla irracionalismo y autobiografía para, en una ebriedad desatada, crear un particular reflexión sobre la naturaleza de las cosas. No en vano, el De Rerum Natura de Lucrecio es el demonio tutelar de un libro torrencial que siguió al indignado Manual de infractores y al elegíaco La noche no tiene paredes y que el propio Caballero Bonald anunció como su último libro de poemas. Nunca se sabe.

Las novelas

Dos días de septiembre (1962). Caballero Bonald debutó como novelista ganando el Premio Biblioteca Breve con una historia que transcurre durante la vendimia de 1960. Una ácida critica a una sociedad latifundista, anquilosada y atravesada por las diferencias entre ricos y pobres. No tardó en verse como un trasunto del Jerez natal del escritor.

Ágata ojo de gato (1974). La cumbre narrativa del escritor andaluz fue una refundación mítica del Coto de Doñana, Argónida en su léxico particular. Novela que responde a una formulación poética sin caer en ese engendro de la prosa poética, el libro repasa la vida de varias generaciones de un mismo linaje. Con todo, su personaje principal es el paisaje. Y el lenguaje.

Las memorias

La novela de la memoria (2010). Un año después de publicar su poesía completa bajo el título de Somos el tiempo que nos queda, el nuevo premio Cervantes reunió en un volumen de casi 1.000 páginas los dos tomos de sus memorias: Tiempo de guerras perdidas (1995) y La costumbre de vivir (2001). De la infancia andaluza a la formación literaria en Madrid pasando por sus años como profesor en Colombia o como secretario de Papeles de Son Armadans –la revista fundada por Camilo José Cela-, estas memorias son un retrato sin concesiones de la España de la segunda mitad del siglo XX y una radiografía sin maquillar de su mundillo literario. Los recuerdos se detienen en la Transición. Caballero Bonald no ha querido seguir haciendo memoria. Ni sangre.
http://cultura.elpais.com/cultura/2012/11/29/